PROFESIONES DEL FUTURO: ESPECULACIONES Y REALIDADES

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ARTURO CASTILLO

Cuando se trata de especular acerca del futuro del trabajo, la emergencia de nuevas profesiones y tendencias del conocimiento, la fantasía es muy buena aliada.

También se pueden hacer proyecciones ciertas a partir de lo que la ciencia y la tecnología, la informática, están desarrollando hoy en día. Se prevé, en todo caso, que habrá cambios sustanciales en la manera de trabajar y elegir ocupaciones.

Por ejemplo, tiene sentido pensar en la preeminencia de labores como la fabricación de robots a gran escala, que demandará de personal experto no solo en inteligencia artificial e ingeniería de control, sino también en mantenimiento y reparación.

La administración de sistemas de informática y de comunicación cada vez más sofisticados necesitará de ‘telecomunicólogos’; los ‘clonadores’ cumplirán el capricho narcisista de gente que querrá una copia de sí misma.

Aparecerán los ‘ludólogos’, encargados de estructurar el ocio de forma electrónica, para matar el creciente aburrimiento, el hastío. Los ‘holografistas’ nos introducirán en universos tridimensionales fantásticos, gracias a la técnica del láser.

No hay que perder de vista a los biotecnólogos, que bregarán con la necesidad de encontrar formas de optimizar la producción de alimentos. En un mundo sobrepoblado, carente de tierras cultivables, los expertos en biología marina y genética proveerán de alimentos alternativos desde sus granjas acuáticas.

Los ‘plasturgistas’ dedicarán su esfuerzo a aplicar técnicas metalúrgicas a los plásticos, mientras que los ‘ingenieros mecatrónicos’ se especilizarán en sistemas hidráulicos, mecánicos y electrónicos.

La química molecular, la ingeniería molecular, experimentarán con aliaciones hasta ahora desconocidas, a fin de suplantar la escasez de algunas sustancias químicas por causa del hombre.

El reciclaje de desechos tóxicos y contaminantes empleará a gente especializada en el tema. Hay que pensar que muchas de las profesiones del futuro tendrán directa relación con las condiciones del planeta, con la urgencia de sobrevivir al desastre climático.

En suma, las carreras más prometedoras, con ‘futuro’, promocionadas por algunas universidades con ‘visión’, como se autodenominan, tienen que ver con la telemática, la telefonía celular, la ingeniería genética, la biónica, la realidad virtual, la teleasistencia sanitaria, los sistemas de seguridad pública y la inteligencia artificial.

Cabe preguntarse: ¿habrá todavía lugar para los abogados, médicos y psicólogos, en un mundo de valores relativos, donde la clonación y los implantes mecánico-electrónicos desafiarán toda idea tradicional; donde la salud mental será medida por la capacidad para asimilarse al estilo de vida regulado desde la industria del entretenimiento y la moda?

Las profesiones humanistas, circunstancialmente relegadas, irán recuperando su espacio, como una posibilidad de equilibrio en sociedades obnubiladas por los logros de la tecnología.

Sin embargo, más allá de la conveniencia de carreras de futuro con futuro, que brinden estatus y seguridad, no hay que olvidar la vocación, que es, finalmente, un acto de libertad frente a las presiones del entorno.

Claro que se puede ‘domesticar’ la vocación, adoptando una profesión por conveniencia, pero no es así como se contribuye al mejoramiento de una sociedad, como se vive satisfecho consigo mismo.

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Publicado el mayo 12, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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