¿ESTÁ CERCANO EL FIN DEL TRABAJO?

image

ARTURO CASTILLO

Nos encantaría seguir el consejo de Bob Black, quien en su sugestiva obra The Abolition of Work sostiene que nunca nadie debiera trabajar, puesto que “el trabajo es la fuente de casi toda la miseria del mundo”, y declarar el fin de la tortura.

Aunque su obra fluctúa entre lo serio y lo lúdico, lo utópico y lo patéticamente cierto, es obvio que el mundo no podría abandonarse al ocio permanente, so pena de perecer a causa, precisamente, de tanto no hacer nada.

“Eso no significa, arguye Black, que tengamos que parar de hacer cosas; significa crear una nueva manera de vida basada en el juego; en otras palabras, una revolución lúdica. Por juego también quiero decir festividad, creatividad, jovialidad, gratificación e inclusive arte”.

“El derecho a ser perezoso” que promulga Black no suena tan simpático a quienes están cansados de tanto ocio, debido a la desocupación involuntaria.
Pero mientras Black se atreve a especular sobre la posibilidad de abolir el trabajo, Jeremy Rifkin, autor de The End of Work, especula sobre el término de las fuentes de trabajo, a causa de la automatización de la gran mayoría de las actividades humanas.

Rifkin, en su momento uno de los más influyentes asesores de Bill Clinton, habla de la Tercera Revolución Industrial como un momento histórico, que a su juicio ya está en plena vigencia, caracterizado por el dramático reemplazo de la mano de obra humana por las computadoras.

Este hecho obligará, acierta Rifkin, a reconceptualizar el trabajo y a rediseñar todo el esquema operativo de las empresas, industrias, fábricas y aun de la estructura burocrática de todos los países.

La imagen apocalíptica del anuncio de Rifkin serán las inacabables filas de desempleados, tratando frenéticamente de conseguir las pocas disponibles plazas de trabajo.

A esto se sumará, probablemente, el fenómeno de la edad: mientras en el pasado un trabajador alcanzaba un cargo ejecutivo a los 50 años de edad, ahora un sujeto de 30 ha visto ya cumplido ese sueño.

El problema es que para cuando arribe a los 50 será demasiado viejo para continuar en ese cargo, y no estará habilitado para acogerse a la jubilación. Entretanto, en esa inexorable cadena, un trabajador de 30 estará a la caza de la vacante…

La cada vez más temprana obsolescencia del trabajador no es un fenómeno ligado al asunto de las competencias, sino más bien al manejo de las cambiantes y vertiginosas herramientas de trabajo, al manejo de las nuevas tecnologías.

Sencillamente, los trabajadores jóvenes tienen un mejor dominio de la tecnología imperante, alrededor de la cual giran las políticas de producción y de oferta de servicios de la gran mayoría de empresas de nuestros días.
De esa manera, la posibilidad de que millones de trabajadores en edad productiva queden en la desocupación no suena a simple futurología. Las repercusiones económicas, sociales y de salud mental colectiva serían verdaderamente impredecibles.

El mismo Rifkin propone una solución salomónica a este drama: dividir las jornadas de trabajo de forma equitativa. Quizás en un futuro no muy lejano debamos ceder a nuestro vecino desempleado la mitad de nuestro trabajo y la mitad de nuestro sueldo.

Anuncios

Publicado el mayo 16, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: