MODERNIDAD Y LOS AZARES DEL COMER

ARTURO CASTILLO

Las exigencias de la vida cotidiana, caracterizada por la prisa, han provocado drásticos cambios en los hábitos alimenticios. Pocas son las familias que tienen el privilegio de compartir la mesa. La preparación de los alimentos está en manos de personas extrañas, raramente conocedoras del valor nutricional de lo que cocinan.

Respecto a lo que hoy se come, el criterio predominante es que sepa bien, que esté rico, aunque para el organismo sea escasamente provechoso. La proliferación de los ‘fast food’ es el signo de los tiempos actuales: la alimentación es un simple trámite, sin la menor relación con el descanso, el relajamiento y la satisfacción. Se come en medio de la multitud, entre caras desconocidas y sin privacidad alguna. Molestosos ruidos e incomodidad manifiesta acompañan la ‘gestión’.

Por supuesto, hay la garantía de un alimento preparado en serie, con el peso y la medida justos, destinado a clientes anónimos. Difícilmente puede alguien concentrarse en su plato, porque toda clase de distracciones lo sustraen a uno de la plenitud del sabor, de la masticación, el olor, la textura y el color de lo que se está comiendo.

La prisa estropea cualquier actividad que pretenda acercar al individuo a un acto consciente, con valor no solo nutricional sino, incluso, estético. Comer es un acto que puede reducirse al plano más elemental de la subsistencia o convertirse en una experiencia que enriquezca el espíritu y proporcione alegría.

El hedonismo asociado a la comida, el placer que puede procurar un plato bien preparado y mejor servido es algo inimaginable para el comensal de los impersonales restaurantes de nuestros días.
El hambre -muchas veces artificial, manipulada- se sacia consumiendo ‘marcas’, anuncios publicitarios que han invadido el subconsciente del hombre moderno, mediante un hábil manejo subliminal.

DIME QUÉ COMES Y TE DIRÉ…

 La expresión ‘comida chatarra’ describe de manera patética la inutilidad de un alimento que no solo no nutre sino que daña al organismo.
Solo el hombre es capaz de adornar hasta el refinamiento más exquisito el sitio donde come. Asimismo, puede aplazar su hambre para elegir lo mejor, viajar largos trechos en busca de su alimento preferido, aunque después su ignorancia y sus extravagancias lo echen todo a perder.

El instinto fundamental para elegir lo adecuado para el organismo ha cedido ante las tentadoras ofertas del ambiente, que, curiosamente, lo menos que aportan son alimentos de calidad.
‘Dime qué comes y te diré quién eres’, reza la sentencia. En realidad, el hombre es lo que come. La neurosis en el empleo del tiempo, la agitación, la violencia, el desenfreno en todos los sentidos, son síntomas inequívocos del actual estilo de alimentación de nuestra sociedad.

Alrededor del fascinante filme ‘Cómo cocinar tu vida’, sus productores reflexionan en estos términos acerca del tema del comer en nuestra sociedad:

“El mundo se mueve a velocidad de vértigo. O al menos, nuestro mundo occidental. Ese que apenas puede seguir el ritmo marcado por el desmesurado crecimiento económico y el imparable avance tecnológico. Nuestras vidas se ven abocadas a una brutal vorágine. Sí, vivimos más años, poseemos mayores recursos para cuidarnos; pero, a la vez, empeoramos nuestra calidad de vida en no pocos aspectos.

Uno de ellos, nuestra forma de comer. Paradigmático ejemplo, que pone de manifiesto lo apresurado de la vida moderna. Desde la comida basura en los restaurantes ‘fast food’, hasta la amplia variedad de precocinados que inundan nuestras casas. Pasando por los alimentos que compramos, cada vez más artificiales y adulterados. No es la sana alimentación una de las cualidades que destaquen en nuestra sociedad.

Y lo mismo que en la cocina, ocurre en infinidad de ámbitos. Se va perdiendo el gusto por el trabajo manual, por las actividades que nos conecten con el mundo. Resulta harto complicado disfrutar de esos pequeños placeres artesanos, en un mundo tan mecanizado. Los hay que ya se han buscado opciones alternativas, buceando en otras culturas, filosofías o religiones. Gente que busca el terreno de lo espiritual, escapando del aberrante monstruo capitalista que hemos creado”.

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Publicado el mayo 16, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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