‘EL PROBLEMA ESTÁ EN LA MENTE’…

ARTURO CASTILLO

Nota: Comparto esta sugerente entrevista, de mi época en Diario Hoy – Ecuador – Sudamérica.

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Publicado el 19/Marzo/1995 | 00:00 Quito. 19.03.95.

La disciplina de la meditación no es ajena al mundo cristiano-occidental. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) era su asiduo practicante. También muchas órdenes religiosas del catolicismo observaban rigurosamente esta técnica.

La meditación, considerada como una disciplina útil para el desarrollo de la conciencia y el autoconocimiento, tiene cada vez más seguidores entre los hombres y mujeres de las agitadas metrópolis. 

Por estos días se encuentra en Quito el monje budista Homagama Kondanna, monje mayor del “Siresena Meditation Center” y director del “Sasara Nirodha Foundation Sri Lanka”, quien está dictando una serie de conferencias, entre otros lugares en el Colegio Militar Eloy Alfaro, a un grupo de personas que inició prácticas de meditación a raíz del conflicto bélico.

Este interesante personaje, que se rehúsa a ser llamado maestro, 
dialogó con HOY… – 

¿Disciplinas como la meditación no son demasiado exigentes para el disperso hombre occidental?

– Este es un error de apreciación que he encontrado en Sudamérica, no así en Europa y Estados Unidos. Acá se separa Oriente y Occidente, se piensa que son diferentes, distintos.
 El ser humano es diferente solo en su aspecto exterior, en su estructura física. Pero, en los condicionamientos que recibe su mente, en su interior, es el mismo en todas partes.



Cuando hablamos de las enseñanzas del Buda hablamos de que el individuo se topa, cara a cara, con la codicia, la ilusión sensorial, el coraje. No hay diferencia entre la ira de un chino y la de un ecuatoriano; entre la muerte de un chino y la de un ecuatoriano

? – Siendo así, ¿en qué medida cuentan las experiencias culturales, económicas, sociales, en la conformación del ser humano? Todo ello debe ser utilizado sabiamente sin que domine nuestra vida. Podemos identificarnos con lo que queramos, pero sin que nuestra mente demuestre apego a las cosas, sin que se cierre a otras posibilidades.

Yo me reconozco como un monje budista, pero esto es solo un convencionalismo. Si yo pierdo el sentido de lo esencial, si me “agarro” de esto pierdo el sentido de mí mismo, entonces he caído en una trampa.
 Esto de ser un monje es algo que debo asumir con sabiduría, sin apego. Puedo acercarme al Buda y a otros maestros, pero sin apego.

– Sí, pero ¿qué hay con el entorno, con el ambiente?



Usted está hablando de los condicionamientos, procesos culturales, tradiciones, castas. Insisto, todo ello debe ser usado con discreción, con equilibrio. – 

¿Cuánto le favorece al hombre occidental su intelectualidad?



Lo que ha hecho Occidente es invertir toda la realidad en lo intelectual, o lo que nosotros llamamos el proceso del pensamiento, cerrando las puertas a la visión interior, a la “percepción directa”, como yo denomino a ese estado. – 

¿Y qué opina de su apego a las cosas?



¡También el hombre oriental tiene apego a los objetos! Yo mismo fui educado en un ambiente muy occidentalizado. Fui enviado a Inglaterra por mis padres para tener una educación “adecuada”, y, a la postre, me gradué de ingeniero. Quería lo que todo el mundo quiere, pero luego, un día, surgió la pregunta; ¿y ahora qué? Ya tenía lo que me había propuesto, y ¿ahora qué se suponía que
debía hacer? – 

¿Qué opinión le merecen las técnicas occidentales para el desarrollo espiritual, representadas en ciertas escuelas de psicología transpersonal?



Las conozco, son interesantes. Pueden resultar eficaces en tanto y en cuanto lidien con la mente; en ella está todo el problema. En ella están el dolor, el placer, el miedo, los celos, la ira, la codicia.

Por ejemplo, cuando usted está enamorado de su esposa y las cosas van bien, su voz le suena a un dulce canto; pero cuando las cosas no marchan, la misma voz le parece un ruido molestoso. ¿Es la voz? ¿Es la actitud? El problema está en la mente.

– 

¿Es la meditación tan sencilla como la presentan algunos grupos espiritualistas?



Existen dos niveles dentro de este proceso. El primero es realmente sencillo, pero ya en el segundo la complejidad está en la mente individual de la gente, en sus complejos, en sus hábitos, en sus aversiones y apegos. Todo esto sale a la superficie.

El sentido de la meditación es no caer en el juego mental, no dar cabida a estas imágenes engañosas, reconocer la verdadera naturaleza del cuerpo y la mente, a través de la visión interior. Una vez que usted reconoce su propia realidad como individuo, por sí mismo, entonces está en posesión de un estado de armonía.

Pero el mayor obstáculo reside en el juego de los opuestos. “Me gusta aquello y me disgusta eso otro”, y así entramos en lo que se llama aversión; esto es, la persona se vuelve selectiva. Exteriormente, en el mundo de los objetos, se puede resolver este problema, pero en la mente, mientras más se rechaza algo, más se apodera de nosotros.

La meditación es un estado de calma en el que estas fantasmagorías no afectan más a la mente del que medita. – Nosotros estamos acostumbrados a las soluciones rápidas, a lo inmediato, somos impacientes. No se siente usted frustrado…



No, los estudiantes se frustran solos. Yo sé que las personas quisieran que esto fuera algo así como el café instantáneo. La iluminación obedece a un proceso, no ocurre con un chasquido de los dedos.

Muchos ven a la meditación como un estado de pasividad, como un
tiempo invertido improductivamente…

Cuando tenemos tiempo, pensamos ¿y ahora qué hago?, queremos mantenerle ocupada a nuestra mente, capaz que no nos dé lugar a pensar en nuestra propia realidad, en nosotros mismos. Pero cuando alguien medita puede ponerse en contacto consigo mismo, puede percibirse plenamente.

Es importante entrar en dominio de la realidad, y la realidad solo viene dada en lo que estamos viviendo este preciso instante. 
El pasado ya no existe más; el futuro podría no llegar, entonces, la única realidad es el presente. – ¿Deplora no haber hecho algo diferente en su vida?

No. Hice todo lo que convencionalmente se supone uno debe hacer. Fui un joven estudiante en Inglaterra, tuve una juventud de estudio, de aspiraciones por asuntos corrientes. 
Ahora pienso que todo ese tiempo lo que hice fue posponer mi felicidad. Ahora soy esto, un monje, y lo vivo a plenitud. – 

Pero, una esposa, hijos…



Es una forma convencional de ver las cosas, es así como queremos mirar la vida, es así como hemos sido educados. Pero hay otros estilos de vida. 
Puedo asegurarle que tengo muchos hijos espirituales por todo el mundo y que el mundo, todo el mundo, es mi familia. Elegí no restringir mi vida al círculo estrecho de la familia convencional. – Gracias, Maestro… No soy un maestro, si usted me llama así es su elección.

(8B) Hora GMT: // – 19:00 Fuente: DIARIO HOY Ciudad N/D Autor: ARTURO CASTILLO

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Publicado el mayo 17, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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