CAZATALENTOS: ¿ES USTED UNA PRESA DESEABLE?*

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ARTURO CASTILLO

Con seguridad, pocos son los afortunados que transformaron su vida profesional gracias a que fueron elegidos por un ‘head hunter’. Un día, de la nada, apareció ese sujeto y, como en un cuento de hadas, les rescató de su precaria situación.

Nadie parece saber exactamente dónde encontrar a los cazatalentos, cómo convertirse en una de sus ‘presas’. Todo sugiere que son ellos quienes se encargan del ‘hunting’, que los talentosos solo tienen que esperar pacientemente hasta cuando empiece el ‘safari’.

Ellos hacen sus investigaciones, le ponen el ojo al candidato. Se enteran de cuáles son sus atributos profesionales, averiguan algunas de sus intimidades en las redes sociales. Indagan acerca de sus títulos, su trayectoria académica, su proyección social, su círculo de amistades.

Reunidas las evidencias, están listos para ofrecer a la empresa interesada los servicios del trabajador de sus sueños, que viene precedido de un tremendo cartel. Con el visto bueno de la compañía, los cazatalentos se encargan de llamar al afortunado para hacerle la propuesta de su vida.

Es decir, todo el proceso es unilateral, sin que el individuo se entere de que ha estado siendo objeto de espionaje laboral, de husmeo profesional. Será difícil oponer resistencia al ‘hunter’, pues parecerá tener arreglado el futuro de la persona elegida.

Estos singulares sujetos entran en acción cuando las empresas ya no confían en la tradicional búsqueda de personal, cuando prefieren dejar tan agotador asunto en manos de gente experta. Confían en el buen olfato de los cazatalentos, cuentan con que les proporcionarán profesionales hechos y derechos.

Se sobreentiende que los ‘head hunters’ tienen una ardua y complicada misión, pues los talentosos son escasos; de modo que hallar un buen ‘ejemplar’ puede tomar mucho tiempo. Ellos buscan una aguja en un pajar, diamantes en una montaña de carbón; ellos son un Diógenes moderno, buscando un verdadero profesional con una lámpara, a plena luz del día.

Entonces, si alguien, alguna vez, pretende que un cazatalentos ponga la mira en su privilegiada cabeza, tendrá que hacerse visible, destacarse del montón. Deberá tener presente que la elección no será de entre los débiles, los irresoluto, los temerosos y dependientes. Querrán sujetos resueltos, energéticos, dueños de sí mismos, autónomos.

De otra parte, los talentosos que han bordeado la edad prohibida de los 40, no deberían hacerse falsas ilusiones. Los ‘head hunters’ están a la caza de ‘cerebritos’, de jóvenes deseosos de hacer una carrera, de contar con suficiente dinero como para comprar cosas bonitas y pasarla bien.

* Publicado en Semanario Líderes de El Comercio – Ecuador – Sudamérica.

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Publicado el mayo 18, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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