DEPORTES EXTREMOS PARA MENTES EXTREMAS

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ARTURO CASTILLO

Se afirma repetidamente que el éxito de los grandes hombres de negocios de los países asiáticos se debe a que mantienen vivo el contacto con las raíces espirituales de su milenaria cultura.

Efectivamente, la influencia de las tradiciones religiosas y morales de Oriente, con el budismo, confucianismo y taoísmo, principalmente, parece explicar sus sorprendentes conquistas en variados ámbitos.

Prácticas como la meditación, kung fu, tai chi, chi kung, yoga, que ayudan a mantener la mente alerta y en calma, el cuerpo dispuesto, listo para actuar de forma libre, fluida, forman parte de la cotidianidad de muchos empresarios asiáticos.

Nada en estas disciplinas es extremo; el ideal del individuo es más bien la conquista del equilibrio, la búsqueda del centro, llamado en japonés hara y en chino, chi. Karlfried G. Dürckheim, en su libro ‘Hara’, justamente, relata sus impresiones acerca del pueblo japonés y las múltiples expresiones de ese centro vital.

En contraste, los hombres de negocios occidentales gustan de los deportes competitivos que le permiten a su ego manifestarse, hallar alivio tensional, ‘vaciarse’ por unos momentos, sin abandonar, eso sí, la idea de imponerse sobre los demás.

Pero también cultivan los llamados ‘deportes extremos’, que les permiten ‘desafiarse’, tentarle al peligro, alcanzar el ‘éxtasis adrenalínico’. En general, los ejecutivos occidentales son reacios al silencio, al sano y estratégico aislamiento, que permite retornar renovado, con una fresca perspectiva de sí mismo y del mundo.

El carácter extravertido hace que la práctica deportiva tenga como prioridad la experiencia sensorial exaltada, el derroche energético, el reto. Quien se considera a sí mismo hiperactivo, seguramente buscará los deportes extremos, riesgosos, aunque lo coherente sería que tratara de compensar la hiperactividad con algo de quietud física y mental.

Sin generalizar, quien se siente emocionalmente anestesiado quizás necesite ‘pellizcarse’ para constatar que aún está vivo. Hay que preguntarse si acaso las conductas de riesgo extremo no se traducen en conductas financieras de riesgo, en decisiones temerarias, en un liderazgo avasallador, en maneras sobresaltadas de conducir una organización.

Sentarse cómodamente en una postura de yoga, respirar de manera natural y rítmica, simplemente observando el curso de los pensamientos, no es precisamente la forma ‘adecuada’ de afrontar el estrés según la mentalidad del empresario moderno. Quizás prefiera acorazarse en su auto y manejar de manera agresiva, o lanzarse desde un puente, como una forma de desafiar a la vida, como un acto ‘heroico’, de soberbia.

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Publicado el mayo 23, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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