EL RIESGO DE QUE LA IMAGEN LO SEA TODO

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ARTURO CASTILLO

El DRAE define así la palabra imagen: ‘Dícese del conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad’.

En nuestro lenguaje habitual, la imagen se entiende como algo ambiguo, ilusorio, como aquello que, en lo que a nosotros concierne, presentamos a los demás como una pantalla y, eventualmente, como un artificio que busca esconder lo que consideramos inconfesable, nuestro lado sombrío.

Es común decir que se quiere ‘guardar las apariencias’, lo que, dicho sin eufemismos, equivale a proyectar una imagen falsa de sí mismo, aquella que más ‘vende’ en el mercado de la personalidad, que conviene mostrar en determinados escenarios.

Este guardar las apariencias no es precisamente una especie de recato, un acto de delicadeza hacia los demás; todo contrario, su propósito es ‘despistar’, confundir, en último término, engañar.

Los seres humanos hemos asumido esta situación como un hecho normal, como una de las tantas convenciones que regulan el trato social, la comunicación. En el terreno práctico, la publicidad ha descubierto una cosa fundamental: a los seres humanos nos gusta ser engañados, seducidos, timados.

A partir de esta elemental verdad, fácilmente comprobable en un sinfín de aspectos de nuestra cultura, hemos construido un mundo ficticio, un mundo de verdades a medias, de mentiras blancas.

En realidad ya no nos importa, e inclusive disfrutamos, como disfrutamos de los efectos especiales en el cine y en la televisión, del espectáculo del engaño colectivo que se nos ofrece día a día.

La imagen lo es todo, la apariencia lo es todo, de ahí que resulta tarea de tontos el tratar de persuadirle a nuestro acompañante que lo que está viendo es solo una película, un montaje de fugaz vigencia, con personajes que interpretan guiones carentes de sentido.

En la manipulación de la imagen residen las contradicciones, la ambigüedad ética de nuestra sociedad, el discurso acomodaticio, la moral de ocasión, el oportunismo. Donde sostener principios equivale a vivir en contradicción permanente con los ‘valores’ predominantes, con las ideas consensuales.

Podría hablarse de la necesidad humana de escapar de lo evidente, de lo cierto, para refugiarse en un universo ficticio, donde el dolor no existe, donde el placer está garantizado, a la manera del ‘Mundo feliz’ de Aldous Huxley.

La imagen, desde esta argumentación, vendría a ser un puente que conduce a esa fantasía. Bastará, por ejemplo, con usar cierto perfume, lucir determinada prenda de marca o manejar el carro ideal para pertenecer al mundo donde la imagen es todo lo que cuenta, aunque tenga vigencia veinticuatro horas.

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Publicado el junio 2, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. María José Navas Mesias.

    Quizá el hecho de que la imagen lo sea todo responde a la falda de identidad, inseguridad y a esa cultura remacha con estereotipos que se los asume como superiores. Nos hemos limitado al precario concepto de que bonito es sinónimo de bueno y aceptado. Al final todos buscan la originalidad y terminan siendo clones en la sociedad,

    • Majo querida, completamente de acuerdo con su comentario. Curiosamente, estos temas ‘saltaron’ en la conversación que tuvimos en la UDLA. Realmente fue grato charlar con usted, constatar que hay jóvenes de su talante, deseosos de descubrir otras realidades, más allá de los condicionamientos del proceso educativo-académico, de la tendencia a uniformar las ideas y las actitudes.

      Disfruté de su lucidez intelectual y de su sensibilidad para percibir lo que ocurre en el entorno de la Universidad. Su pensamiento abierto, la originalidad de sus ideas, fortalecen mi convicción de que las nuevas generaciones provocarán cambios trascendentes en nuestro país. Usted es una pionera.

      Abrazos,

      Arturo

  2. Arturo es un espectacular artículo, yo personalmente creo que el hecho de refugiarse en un universo ficticio se produce ya que el ser humano se estructura por medio del discurso del otro, y ese otro demanda que sean así.
    Muy buen artículo, siga escribiendo.

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