MIGRAÑA, COMO PARA PERDER LA CABEZA*

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ARTURO CASTILLO

Resulta imposible establecer una frontera infranqueable entre lo fisiológico y lo psicológico. La concepción dualista, que estuvo vigente durante largos siglos, no sirve más para compartamentalizar al ser humano, para escindirle.

El homeópata argentino Tomás Paschero deploraba el vacío en la formación psicológica de los médicos, que frente a pacientes con un cuadro difuso, con síntomas recurrentes ‘indeterminados’, que además acusan de estados anímicos ‘incomprensibles’, no tengan más recursos que la medicación paliativa.

La evidencia de que el malestar de esos pacientes no radica en la materia sino en algún rincón de su vilipendiado espíritu debiera servir para remitirlos al psicólogo.

Demás está decir que el tratamiento integrado e integral redunda en beneficio de los enfermos. Cuando se articulan lo anímico-psicológico y lo físico, el tratamiento cobra un sentido antropológico, que da otra connotación a la enfermedad.

Para ejemplificar, las explicaciones fisiológicas acerca de la migraña son variadas; algunas de ellas consideran que se trata de una enfermedad primaria del sistema nervioso central; se cree también que tiene una base genética hereditaria.

De otra parte, las posibilidades de una curación definitiva parecen hasta hoy poco probables, mientras que el tratamiento de los síntomas tiene varias alternativas, aunque de orden paliativo.

Pero como no existe enfermedad alguna que radique estrictamente en el sustrato físico, se cuentan el estrés y la angustia como factores desencadenantes de la migraña, que vienen a ser como el aspecto subjetivo de la dolencia.
Concretamente, las personas expuestas a circunstancias estresantes, angustiantes, reeditan los episodios de migraña.

No es raro, entonces, que el estilo de vida contemporáneo incida de manera pertinaz en quienes sufren de migrañas. Obviamente, por extensión, un ambiente laboral tenso, exigente, que impida tener horarios estables para alimentarse, que esté saturado de luz artificial, que tenga escasa ventilación, puede afectar a los migrañosos.

Las migrañas terminan siendo un mecanismo de retracción de la realidad, una forma de autointerrupción del flujo del vivir. El mensaje que el sujeto envía al mundo es: “ya me hicieron doler la cabeza”. Es un estado de irritabilidad psico-emocional que vuelve inasumibles ciertos eventos, de modo que es mejor fugarse, ‘desenchufarse’.

La empresa debe tener conocimiento pleno del padecimiento del trabajador, que requerirá de descanso literalmente inmediato cuando aparezcan las migrañas, pues el dolor que las acompaña es inhabilitante.

* Publicado en Revista Líderes de El Comercio – Ecuador – Sudamérica.

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Publicado el junio 4, 2013 en EL YO DIVERSO y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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