OCIO Y EVASIÓN: EL MITO DEL ‘SAN VIERNES’

image

ARTURO CASTILLO

El cliché ‘Gracias a Dios, es viernes’ significa, para la gran mayoría de las personas, el comienzo de la agitación, del desbordamiento de las energías, del desmadre. Significa la pérdida de la mesura, de la seudo disciplina a la que están sometidas cotidianamente en las aulas y en las oficinas.

El ‘san viernes’ les queda de película a quienes han debido observar, de mala gana, un comportamiento ‘decente’ durante toda la semana. El viernes permite que emerja ‘el otro yo’, el lado oculto de las personas, que ha sido cuidadosamente acallado, disfrazado de terno y corbata, maquillado de postiza cortesía, encubierto con la falsa sonrisa de un maniquí.

Pero, por suerte, todo tiene su lado positivo… En realidad, ¿qué sería de los individuos que se ven obligados a vivir una cotidianidad vacía, desmotivante, competitiva, inicua e inhumana si no contaran con una escapatoria que, de otra parte, es ladinamente facilitada por la misma sociedad?

Erich Fromm retaba a las sociedades ‘avanzadas’ a que probaran prescindir por unos cuantos días de todas las formas de evasión, como los periódicos, la televisión, la radio, simplemente para ver cuáles serían las consecuencias.

A su juicio, muchos comportamientos neuróticos, que se mantienen convenientemente enterrados bajo la superficie de un precario equilibrio personal, se harían evidentes.

Efectivamente, la neurosis latente, ‘funcional’, si bien no paraliza a los individuos, si les hace, en cambio, obrar de manera estereotipada, mecánica, ser presas de condicionamientos, de conductas que necesitan pasar por la aprobación de los demás, por el consenso.

De modo que la sociedad tiene el veneno y el antídoto, tiende la trampa al individuo, pero le concede generosamente un salvoconducto hacia una falsa libertad. Es esa misma sociedad, experta en la ‘solución’ del aburrimiento. Pone ante los ojos de mujeres y hombres toda clase de alicientes, de premios consuelo, en la medida en que sean productivos, cooperadores, dóciles.

El canje parece justo: cinco días de tortura, y un fin de semana, que empieza el viernes, en el que las personas podrán hacer lo que les venga en gana… Se trata de la ilusión del libre albedrío, cuando es en realidad el entorno el que dicta qué sentir y pensar, cómo actuar, qué ‘elegir’, adónde ir. Es decir, los sujetos son condicionados para que se ajusten y adapten acríticamente a los dictados sociales.

No es fácil, en definitiva, mantener a millones de personas produciendo, comportándose como abejas en panal, aceptando sin chistar su destino, a fin de apuntalar un mundo que detestan, al que no le encuentran sentido ni valor, que resulta mortalmente aburrido y vacío.

Anuncios

Publicado el junio 28, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: