SALUD, UNA FORMA DE SER EXITOSOS

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ARTURO CASTILLO

Pese a su valor absoluto, la salud es un asunto que solo inquieta a las personas cuando experimentan algún tipo de dolencia, cuando, en circunstancias extremas, se ven atadas a una cama de hospital, con un diagnóstico médico que califica su condición de ‘delicada’.

Los hechos demuestran que la conservación y promoción de la salud no son precisamente asuntos que inquieten a nivel individual y colectivo; más aún, la sociedad como tal es la mayor generadora de noxas; es decir, de agentes que provocan malestares físicos, emocionales y mentales.

La comprensión común suele reducir el concepto de salud a la ausencia de síntomas o a una idea higienista bastante limitada. Estar saludable, se piensa, significa poder autotransgredirse sin sufrir consecuencia alguna.

En el caso de la ‘salud laboral’, esta se centra en la prevención de los riesgos ocupacionales, pensando en la productividad de los individuos, pero sin llegar a formular criterios integradores, capaces de reconciliar lo profesional con lo humano.

Por ejemplo, los llamados riesgos psicosociales del trabajo no se entienden desde la dinámica existencial de los sujetos, que hace que lo que ocurre en el ámbito laboral repercuta en lo personal-social, y viceversa. Así, la monotonía atribuible a las tareas podría traducirse en falta de vitalidad, en una conducta rutinaria, descolorida, en la vida social y familiar del trabajador.

Desde este análisis, si el individuo es proclive a un comportamiento opaco, nada imaginativo, si se esfuerza muy poco en realizar las cosas con un grado de eficacia, de originalidad, su manera de trabajar dejará mucho que desear. En ese caso, la responsabilidad no radica en la organización, que más bien es ‘víctima’ de la personalidad de su empleado.

Pero el punto es cómo generar actitudes que promuevan la salud. Puede que el empleador se empeñe a fondo para lograr una atmósfera laboral cálida y respetuosa, solidaria; que observe todos los parámetros de la seguridad industrial, que ejerza un liderazgo equilibrado, y que aun así la salud y la productividad de los trabajadores parezcan inalcanzables.

El asunto es mucho más complejo. Tiene que ver con la historia de cada trabajador, con su orientación integral de vida. Si el individuo se alimenta adecuadamente, hace ejercicios regularmente, se interesa por desarrollar su intelecto; si cultiva algún medio de expresión estética, si está abierto a su propia espiritualidad, si tiene vocación de servicio a los demás, puede considerarse una persona saludable.

Y como expresión de su plenitud vital, el trabajo será una forma digna de sustentar su existencia material.

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Publicado el julio 3, 2013 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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