IMPORTANCIA DE LA ÉTICA EN EL TRABAJO

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ARTURO CASTILLO

En general, se tiene la idea de que el desempeño en el trabajo es solo una cuestión de orden práctico que debe sustentarse, prioritariamente, en una buena formación académica, en las llamadas ‘competencias’, en la experiencia laboral, mientras que los valores, la ética, apenas cuentan como algo secundario.

Nuestro paso por las aulas no significó, sin embargo, un aprendizaje de la disciplina, del orden, no nos ayudó a cultivar la honestidad, el compañerismo. Más aún, muchos de nosotros terminamos descubriendo que los adultos, nuestros padres incluidos, hacían exactamente lo opuesto a lo que pretendían inculcarnos.

Así, a falta de referentes concretos, los valores se fueron convirtiendo en algo subjetivo, parte de la retórica social, un doble discurso que fuimos aprendiendo a aceptar, so pena de convertirnos en inadaptados, en neuróticos funcionales.

Esa falta de claridad ética, la ambigüedad para establecer la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, lo injusto y lo injusto, se manifiestan en cada aspecto de las relaciones entre los seres humanos, aun en cuestiones que pueden parecer intrascendentes.

En el ámbito laboral, el mayor equívoco consiste en considerar lo económico, la eficiencia productiva y el afán de poder como los principios supremos a los que deben supeditarse todos los demás valores.

Podemos afirmar que la ausencia de sentido, de un marco ético, está haciendo del trabajo una actividad exclusivamente orientada a la satisfacer las necesidades artificiales de la sociedad de consumo.

Los valores no pueden restringirse a ciertos espacios y situaciones, no hay circunstancias neutras, tierras de nadie donde no se planteen los dilemas de la elección justa, situaciones que exijan asumir una postura, defender, en el mejor sentido, una determinada convicción.

El sentido del trabajo debe sustentarse, precisamente, en la cualidad humana para discernir, para elegir lo que es auspicioso para el bienestar colectivo, aunque ello suponga, en ocasiones, la postergación de las propias ambiciones.
Y es precisamente porque esta conducta es cada vez más extraña al ser humano que el mundo se halla en riesgo de colapsar.
La moral relativa, acomodaticia, los valores ‘veleta’, que van y vienen dependiendo en qué dirección sople el viento, dejan sin un piso estable en donde caminar a las nuevas generaciones, particularmente.

El ambiente laboral refleja con toda evidencia los valores dominantes en una sociedad, aunque aparentemente lidie solo con cuestiones prácticas, cuantificables, transaccionales, con balances y estadísticas, con capitales.

Nuestro reto consiste, pues, en hallar la tensión adecuada entre lo justo y lo conveniente, entre lo que se quiere y lo que se debe, entre la glorificación narcisista y el beneficio compartido.

 

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Publicado el julio 11, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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