CÓMO SOBREVIVIR EN AMBIENTES LABORALES HOSTILES

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ARTURO CASTILLO

T.D. Jakes, el famoso predicador estadounidense, tiene un interesante libro titulado “Los diez mandamientos para trabajar en un ambiente hostil”, cuyo propósito, aparte de la obvia intención religiosa, es apaciguar a los atormentados espíritus que tienen que vérselas con colegas y compañeros de trabajo insoportables, odiosos, para ser más precisos.

La perspectiva de Jakes es que hay poner todos los asuntos laborales en manos de Dios, puesto que Él sabe por qué es bueno para usted tener los compañeros de trabajo que tiene.

No importa si su jefe es un neurótico a tiempo completo, si a sus compañeros les encanta la intriga, si le maltratan gratuitamente, qué más da si el ambiente general de trabajo tiene mucho de parecido a una tortura; hay, dice el autor, estrategias espirituales para enfrentar la situación, para hacer de esas circunstancias adversas oportunidades de crecimiento laboral y humano.

La reflexión del best seller no es un llamado a la vacía resignación, no quiere decir: “si sufro en silencio y resignadamente, lo más seguro es que en un futuro no muy lejano se me presente un trabajo que recompense todas mis tribulaciones”.

Aun tratándose de un abordaje religioso, la obra contiene elementos de psicología práctica, ofrece valiosas pautas para manejar adecuadamente las crisis en el ambiente laboral, a fin de que el primer impulso no sea emprender la huida.

“Incremente su capacidad para trabajar con personalidades difíciles”, “No permita que el ambiente le invada internamente”, “Alcance el máximo de resultados con el mínimo de confusión”, “Donde usted está hoy no es a donde usted quiere llegar”, “No espere ser reconocido”, son algunas de las sugerencias de Jakes.

Ahora bien, si usted es una persona resuelta y no tiene la necesidad del trabajo, no hay razón para que sufra estoicamente. Para qué prolongar la misma sensación de malestar cada lunes de regreso a sus labores, el sentimiento cotidiano de que está demás en la empresa, la permanente hostilidad de sus compañeros, la acusación de su jefe de que es incompetente.

En ambos casos usted es el protagonista; no se haga la falsa ilusión de que los demás cambiarán.

De otra parte, las famosas racionalizaciones de que no deja el trabajo porque ama lo que hace, porque, después de todo, no existen ni el trabajo perfecto ni los compañeros perfectos, peor los jefes perfectos, son, en el mejor de los casos, maneras de maquillar la debilidad de carácter.

Aunque a primera vista los argumentos parecen razonables, adultos, en el fondo hay una personalidad irresoluta, cierta dificultad para desprenderse de lo que provoca daño, malestar, en nombre de un ideal engañoso.

Padecer malos tratos, vejámenes, justificándose en el hábito, porque es mejor ‘malo conocido que bueno por conocer’, tampoco resuelve el problema de fondo.

Si pese a todo decide seguir los consejos de T.D. Jakes, si no quiere presentar su renuncia irrevocable, prepárese para dar batalla, en el mejor sentido.

Fortalezca su carácter, sus emociones, aprenda a respetarse a sí mismo; haga valer sus opiniones, su idoneidad profesional. Y contacte con su espiritualidad profunda, no solo para perdonar a quienes le agravien, sino para hallar plenitud propia, un corazón sosegado, incapaz de guardar rencores, de buscar revanchas.

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Publicado el julio 17, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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