CUANDO LA EFICIENCIA SE VUELVE OBSESIÓN

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ARTURO CASTILLO

La eficiencia es una virtud que toda empresa espera de sus trabajadores; sin embargo, aquella puede convertirse en una auténtica obsesión, especialmente cuando las personas se sienten obligadas a gratificar a sus jefes, a quienes en el fondo temen.

La situación puede llegar a tal punto que su forma de trabajar se torne compulsiva, una fuente de estrés.

El afán de aparecer eficiente a los ojos de los demás lleva al sujeto a asumir más tareas de las que objetivamente es capaz de solventar. Este exigente régimen, como es lógico, no puede ser sobrellevado por mucho tiempo; su prolongación conduce al colapso físico y mental.

Esta seudo eficiencia se expresa como deseo de hacer varias cosas a la vez. Un revelador reportaje aparecido en The New York Times da cuenta de numerosos estudios realizados por neurólogos, psicólogos y expertos en administración acerca de los efectos nocivos del llamado ‘multitasking’ (tareas múltiples), un atropellado impulso de atender más de una actividad al mismo tiempo.

Rene Marois, neurólogo, director del Human Information Processing Laboratory de la Universidad de Vanderbilt, en declaraciones para el citado periódico, dice que el problema radica en que la gente piensa que el cerebro puede manejar más de una cosa a la vez.

Los estudios concluyen que la persona eficiente basa su accionar más bien en la capacidad para enfocar su atención de forma eficaz en una sola tarea.

Muchas empresas empujan a su gente a realizar múltiples tareas, bajo la consigna de la eficiencia o porque no desean contar con más empleados. De modo que asignan funciones que debieran ser solventadas por dos o más personas. No solo los resultados del trabajo se vuelven difusos, sino también la conducta del individuo.

Sea por una actitud compulsiva o por política empresarial, los resultados son nocivos para la calidad del desempeño laboral y para la salud de los trabajadores.

Este reportaje permite colegir que nuestra sociedad ha glorificado la habilidad para hacer varias cosas a la vez, característica de los jóvenes trabajadores y adolescentes expuestos a la tecnología, a costa de una auténtica maestría para hacer de forma atentada, absorbida y placentera una cosa a la vez.

La verdadera eficiencia consiste en mantener un ritmo adecuado de trabajo, en responder de forma atenta y relajada a circunstancias puntuales, a contextos que emergen de la dinámica laboral.

El accionar atolondrado, el derroche inútil de energía, la actitud tensa e impaciente para realizar las tareas, nada tienen que ver con la eficiencia; solo se puede ser eficiente desde una actitud relajada, desde la posibilidad para ver las situaciones como un todo.

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Publicado el julio 18, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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