CV Y REDES SOCIALES, ¿MEZCLA INCONVENIENTE?

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ARTURO CASTILLO

El mundo contemporáneo se define por la creciente dependencia de la tecnología, por la generalizada utilización de todo tipo de máquinas. La computadora, muy especialmente, es un objeto cotidiano de aceptación incondicional, cuya prescindencia, aun por unas cuantas horas, es capaz de ‘enloquecer’ a los adictos usuarios.

Otras personas, en cambio, parecen poco dispuestas a embarcarse en el tren del progreso, simple y llanamente porque su sentido del progreso difiere del socialmente impuesto, porque conciben la vida en ‘retro’.

Queda otra categoría: las personas que pese a tener su boleto, no logran embarcarse; son individuos afectados por ‘El shock del futuro’, según anticipaba Alvin Toffler a inicios de los 70’s.

En suma, hay diferentes grados de adaptación al mundo de las máquinas. Lo curioso es que en algunos niveles, como en las empresas, no existe una utilización plena del recurso de la informática.

Concretamente, al momento de reclutar personal, persisten en la práctica tradicional del papel, de las abultadas y engañosas carpetas, cuando las redes sociales constituyen un referente eficaz para averiguar más acerca de los candidatos.

Es un recurso, hoy en día, indispensable, que ayuda a conocer el lado humano, de los sujetos, más allá del hecho estrictamente formal del CV. La nueva generación de profesionales utiliza las redes sociales como una vitrina para ‘venderse’. No tienen reparos en mostrar sus trivialidades, su cotidianidad, sus gustos y predilecciones.

Obviamente, si la empresa tiene un perfil serio, cierta circunspección, probablemente no se interesará en averiguar las cuestiones personales de los postulantes, actitud que deja un flanco vulnerable, ya que lo humano tiene un extraordinario peso en las relaciones laborales.

Sin embargo, la llamada ‘humanización’ del CV nada tiene que ver con el juego de la sobreexposición, del exhibicionismo en la Red. Las redes sociales deben ser usadas con inteligencia y mesura, como un complemento de la hoja de vida.

Si no hay el debido balance, si los asuntos privados opacan lo profesional, entonces quizás la persona deba reconsiderar su yo ‘electrónico’. No caben las ambigüedades o dobles mensajes, si se entiende que la vida concreta y la conducta en la Red son un mismo ámbito, aunque los individuos pretendan que el ‘Face’ solo sirve para pasar el rato, lo cual no es del todo cierto, puesto que lo que están haciendo es ‘publicarse’, publicando su manera de ser socialmente.

Bien harían las empresas en conocer el perfil de los aplicantes en las redes sociales, justamente para ratificar o para desvirtuar lo que muestran las carpetas. Podría pensarse, sin embargo, que no deberían llegar hasta ese punto, ya que se trata de cuestiones privadas, del ámbito personal de los sujetos.

La fiabilidad concedida a las redes sociales las convierte en un espejo de la realidad, en un universo paralelo, capaz de, en este caso, abrir o cerrar oportunidades profesionales, de generar impresiones decisivas.

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Publicado el agosto 23, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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