¿DEMASIADO GRANDE PARA DEPENDER DE PAPÁ?

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ARTURO CASTILLO

En muchos casos, la permanencia de las empresas familiares está sujeta a que los herederos estén dispuestos a tomar la posta. Se entiende que si estos no tuvieron el acceso necesario a los asuntos de la compañía, si fueron sistemáticamente relegados, a veces en virtud del autoritarismo y el celo del padre, que hizo de la compañía su reino, su ámbito de poder, lo más probable es que no quieran entenderse del asunto.

Los chicos están condicionados: si se acercan a la empresa, será para seguir sus órdenes, para aprender ‘cómo se lleva un negocio’. La sumisión a la autoridad paterna se convierte en un requisito.

Los padres-jefes suelen ser extremadamente exigentes, porque, a su juicio, es la única manera de la empresa logre sobrevivir. Contradictoriamente, a veces terminan por ahuyentar a sus hijos, que evitan confrontaciones estériles.

Efectivamente, el autoritarismo paterno exacerbado trata de imponer una visión particular de las cosas; no acepta lo contemporáneo, las innovaciones, está convencido de que todo tiempo pasado fue mejor.

A ello se suma la imposición vocacional. Si el padre tiene en la mira que sus hijos prolonguen la vida de la empresa, también ‘planificará’ que alguno de ellos, preferentemente el ‘junior’, estudie la misma profesión, como una garantía de continuidad.

El algunos casos, el plan funciona, en otros, es un auténtico fracaso. Cuando el ‘elegido’ opta por una carrera totalmente opuesta, el padre asume el hecho con decepción, inclusive puede sentirlo como una traición. ‘No te importa el futuro de la familia’, le reprochará.

De todas maneras, cuando el o los hijos se avienen con los deseos del padre, las contradicciones debidas al cambio generacional pueden convertirse en un verdadero campo de batalla. Obviamente, también hay casos de transición pacífica, sana, exitosa, que permiten conservar los lazos familiares intactos.

En otros casos, el heredero prefiere mantenerse a una prudente distancia; opta por trabajar en lo suyo, en otro lugar. A la postre, la experiencia ganada le será útil, eventualmente, para el manejo de la empresa familiar.

Quedarse a la sombra del padre puede constituir una limitación para el desarrollo personal, sobre todo si no se llegan a reconciliar los aspecto humanos, si el padre se muestra reacio a mostrar sus flaquezas; si se empeña en ser la figura paterna perfecta, infalible, todopoderosa, hasta el término de sus días.

Si el hijo duda de su poder para volverse autónomo, para decidir por sí mismo, si no acepta que su padre es un sujeto de carne y hueso, susceptible de fallar, y prefiere mantener en su mente el arquetipo de la imagen protectora, de la autoridad incuestionada, la relación estará signada por la dependencia y el temor latente.
Puede resultar conveniente, en términos de seguridad, asirse al padre, pero es, en cambio, obstructor, psicológica y emocionalmente hablando. Implica resignar al crecimiento propio, no afirmarse del todo como individuo.

En fin, la sana ruptura con la imagen protectora y omnímoda del padre, aunque puede provocar un pánico paralizante, sentimientos de culpa, es condición sine qua non para afirmarse en la vida.

Si de por medio está la dependencia infantil, el miedo a indisponer al padre, seguir sus reglas y sus caprichos solo será una forma de negar la propia adultez. Más tarde, en el propio ejercicio de la paternidad, aquello será una rémora, que generará vacío afectivo, ausencia de una verdadera confianza.

En ocasiones, cuando las negociaciones para la transición generacional y familiar llegan a punto muerto y hay el riesgo de afectar el patrimonio, el trabajo de toda una vida, lo pertinente es buscar ayuda. El asesoramiento contempla dos aspectos: psicológico y empresarial.

Personalmente, he brindado apoyo a varias empresas familiares. El trabajo no es sencillo, pues generalmente hay mucho que desenredar. Sin embargo, cuando se abren el ánimo y la mente de los interesados, los resultados son espectaculares: se armonizan aspectos generacionales, se capitalizan las experiencias, la madurez, y se suman ideas frescas, contemporáneas, en una síntesis que augura éxitos duraderos, no solo empresariales, sino fundamentalmente humanos.

 

 

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Publicado el septiembre 13, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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