EMPRESARIOS, ‘DARWINISMO’ Y MEJORAMIENTO

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ARTURO CASTILLO

Previsiblemente, la economía global seguirá sufriendo serios traspiés, tornando mucho más complejo hacer negocios, mantener a flote las empresas. En este contexto, algunos analistas están seguros de que los hombres de negocios con carácter y liderazgo marcarán la diferencia. Se habla, concretamente, de los ejecutivos de quinto nivel, que ya no serán empresarios a secas, sino mujeres y hombres dotados de atributos especiales.

La percepción mecanicista-utilitarista del trabajo, dará paso a una visión más humana, más solidaria. Su rol social irá más allá del hecho de generar fuentes de trabajo, para convertir el trabajo en una expresión humana vigorosa, en un acto creativo gratificante.

Esta transformación será producto del surgimiento de una nueva especie de ejecutivos, que tras largos años de experiencia como líderes de sus empresas, habrán de convertirse en referentes de la industria, en modelos sociales, en íconos que harán decir a los jóvenes profesionales: ‘yo quiero ser como ellos cuando sea grande’.

Esto, que podría llamarse ‘darwinismo empresarial’, será el fenómeno responsable de la mutación de los fríos y pragmáticos hombres de negocios en seres humanos sensibles, preocupados por sus contemporáneos, con un alto sentido social.

El milagroso cambio, sin embargo, jamás podría ocurrir de forma masiva; estará exclusivamente reservado a un puñado de individuos, que han hecho del complicado arte de hacer negocios, de dirigir a otros seres humanos, procesos de autorrealización, una filosofía de vida.

La mayoría de empresarios están atrapados en el debe y el haber, en los balances financieros, en el poder que les concede el dar o quitar el sustento a las familias; en el prestigio, en la vanidad de su negocio, en los juegos del poder.

Están absortos en el tema de la autoridad y el liderazgo como hechos externos, pues no los han integrado a sus propios actos de forma coherente; no han aprendido a ser líderes de sí mismos, a dominar su carácter, no han trascendido los caprichos del ego.

El cambio ocurre siempre bajo la guía de un ‘coach’, de un ‘gurú’, como un aspecto esencial del proceso alquímico, que lleva al sujeto corriente a convertirse en un hombre superior.

Quienes no entienden las profundas implicaciones de este ‘hacerse a sí mismo’, que Carl Gustav Jung llama ‘Individuación’, creen que se trata simplemente de una dignidad refrendada en un cartón, de un proceso académico formal, de verdades extraídas de algún libro.

El ánimo especulativo lleva a algunos autores caza ‘best-sellers’ a poner de moda términos, frases hechas, ideas cliché, listos para lectores ávidos de cosas novedosas. Pintan el asunto del desarrollo humano como algo sencillo, dentro del orden de lo intelectual, como se aprendería una teoría cualquiera.

Sin embargo, la autorrealización está muy lejos de ser una cuestión racional estrictamente. Exige disciplina, introspección sistemática, profundización en la propia mente, en la estructura anímica; trabajo corporal, apertura intelectual para asimilar lo más diverso del conocimiento humano, en todos los ámbitos.

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Publicado el noviembre 3, 2013 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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