¿LÍDER SILENCIOSO O MUTISMO INSPIRADOR?

image

ARTURO CASTILLO

Desde una perspectiva histórica, podría decirse que el liderazgo ha sido consustancial con la evolución del ser humano. El aparecimiento de espíritus visionarios, que han transformado la realidad, que han derrumbado creencias largamente establecidas, dogmas de todo orden, ha sido la fórmula para el avance de la cultura en los más variados órdenes.

En ámbitos más inmediatos, como el empresarial, la presencia de liderazgos inspiradores ha servido para generar no solo riqueza, fuentes de empleo, que han elevado la calidad de vida de sociedades enteras, sino también posibilidades ilimitadas para el ejercicio de la creatividad humana

Es por ello que se espera que el liderazgo sea visible y explícito, que encarne en un individuo o en un grupo de individuos, en un cuerpo empresarial. Debe tener rostro y actitudes, debe generar emociones, sentimientos, ser capaz de inspirar.
Más aún, el común de las personas necesita de la presencia de esa imagen fuerte que le marque un camino, que le diga, ojalá con algún grado de exigencia, qué hacer, cómo hacerlo.

En ese sentido, no cabe duda de que el líder constituye un subrogado de la figura arquetípica del padre, que ha incidido desde siempre en el espíritu individual y colectivo. Los ejemplos abundan, con características y matices ambivalentes. Liderazgos crueles y totalitarios, líderes profundamente inspiradores, carismáticos, son parte del péndulo de la historia.

Pese a estas evidencias, se habla del ‘liderazgo silencioso’, que prescinde, aparentemente, de un líder de carne y hueso. Sería una suerte de cuerpo que funciona sin un espíritu, existencia espontánea, libre de un ADN motivador.

Cosa muy distinta es el liderazgo discreto, el líder que no atosiga, que no recurre a la psicología del miedo, al chantaje emocional, que no manipula ni usa a los demás, que no pone por delante su ego.

Este tipo de liderazgo libera el potencial creativo del equipo empresarial, promueve la autonomía, brinda confianza. No riñe, además, con la posibilidad de que emerjan líderes en cada área de la organización y, en el mejor de los casos, permite que cada trabajador sea capaz de liderarse a sí mismo, para que pueda hacer de su oficio un acto liberador, recreativo y trascendente.

Esto puede parecer utópico, pues la mentalidad convencional concibe el liderazgo como el ejercicio de autoridad que radica en un solo sujeto, quien posee todos los atributos deseables. Por ejemplo, debe dar muestras de infalibilidad, poseer un intelecto descomunal, dar signos de frialdad en la toma de decisiones, aunque ello implique relegar al ser humano como el único centro posible de toda actividad empresarial y económica.
Debe, en fin, ser un oráculo viviente, tener la respuesta para absolutamente todo, sin posibilidad alguna de que sus juicios puedan ser, ocasionalmente, erróneos.

El liderazgo inclusivo, participativo, promotor de otros talentos, que se nutre de las experiencias colectivas, de las vivencias de los equipos de trabajo; que tiene como base el humanismo, un humanismo activo, que se concreta en los hechos, es el único camino auténtico para el desarrollo de toda índole de organización.

Anuncios

Publicado el julio 12, 2014 en EL YO DIVERSO y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: