¿DELEGAR? ¡NI SOÑAR!*

image

ARTURO CASTILLO

Buena parte de la existencia humana se consume en el juego de la simulación y la apariencia. En buena medida, el esfuerzo que hacen la familia, la escuela y la sociedad en general, está encaminado a convertirnos en una versión falsa de nosotros mismos, en un ‘producto’ conveniente para los demás, a expensas de nuestra verdadera naturaleza.

Mostrarnos al mundo tal como somos puede ser potencialmente perjudicial y nocivo. En nuestros eventuales arranques de autenticidad, aun quienes aseguran amarnos se muestran inconformes, se sienten intimidados e inseguros. Prefieren la versión ‘light’ que conocen de nosotros; prefieren que no les sobresaltemos con cambios repentinos de conducta.

Y es en función de ese juego de máscaras que muchos sujetos se relacionan en su trabajo, ejercen su vida profesional. Por ejemplo, puede que la persona esté interpretando el personaje ‘lo sé todo; lo puedo todo’. Es el autosuficiente, aquel que habiendo sido tachado reiteradamente de inútil durante su niñez, ahora quiere demostrarle al mundo que es perfecto e infalible.

Entonces, hará lo indecible para lucirse, aunque ello implique anular a los demás. Como jefe, será perfeccionista, neuróticamente exigente para que las cosas se hagan a su manera (probablemente, a la manera que sus padres querían de él).
Su comportamiento, inhibitorio, matará la iniciativa de sus subalternos, que tendrán la permanente sensación de que jamás darán la medida.

En este contexto, la posibilidad de delegar tareas, de consolidar equipos de trabajo, resulta impensable. El tema de fondo es la necesidad de protagonismo, para tratar de paliar la inseguridad. Pero si esta se vuelve inmanejable, los trabajadores tendrán que cargar sobre sus hombros la conducta narcisista de su jefe.

La capacidad para delegar responsabilidades tiene que ver con el grado de libertad interior, con la disipación de los celos, con la generosidad para ver crecer humana y profesionalmente a los demás. Delegar a regañadientes, con el convencimiento de que todos son mediocres e incapaces, es la manera más segura de hacer fracasar a la empresa y de dañarse a sí mismo.

* Publicado en Revista Líderes de El Comercio – Ecuador

Anuncios

Publicado el septiembre 26, 2014 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Muy importante dialogar sobre la interrelación de las personas que conforman equipos de acción. No cabe duda que quienes van por el mundo en franca lucha para engrandecer sus egos individualistas, lesionan la construcción de objetivos superiores. Hace falta ese trabajo personal hacia el interior en el que crece el ser para abocarse en una misión de servicio…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: