VIOLENCIA LABORAL: NO SEA USTED LA VÍCTIMA

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ARTURO CASTILLO

La agresión en el trabajo es más común de lo que podría pensarse, y muchas veces es propiciada por un estilo de liderazgo que se lleva todo por delante; orquestado por sujetos con un ego urgido de poder y dominación.

En el ámbito individual, a fin de hallar una explicación a tan desafortunada conducta, se precisa averiguar la historia vital de quien siente gusto por maltratar a sus colegas y subalternos. Generalmente, él mismo fue víctima durante su niñez, de modo que siente la necesidad de resolver su ansiedad y dolor provocándoselos a los demás.

Socialmente, el culto a la violencia, la exaltación de la fuerza, la imposición de formas de ver la realidad a pueblos enteros, el fanatismo religioso, la discriminación en sus más diversas expresiones; la fobia a la diferencia y el consecuente deseo de uniformarlo todo, de acabar con los matices, hacen pensar que el ser humano, pese a su condición de civilizado, no ha logrado liberarse de su lejano pasado, que se caracterizaba por la supervivencia del más fuerte.

La violencia en el trabajo es un reflejo de lo que pasa en el mundo, la consecuencia y el efecto. En ese sentido, la línea divisoria entre el trabajo y sociedad no tiene asidero; se trata simplemente de escenarios distintos, con las mismas realidades.

De otra parte, existe un tipo de agresión que tiene que ver con la autopreservación, ante factores amenazantes. La agresión dominadora, en cambio, busca amedrentar, controlar y someter.

Indudablemente, muchos individuos disfrutan de ejercer control y poder sobre los demás, para lo cual usan con destreza su fino olfato, que les permite identificar a sus potenciales víctimas.

¿Significa ello que existen también ‘presas’ potenciales, que no cuentan con los mecanismos de defensa necesarios para evitar ser agredidas? ¿Es necesario desarrollar esos mecanismos? Desde luego que sí; en un mundo contaminado de agresividad, se necesita de una coraza.

Sin embargo, se trata de un juego cruel, de una cadena de violencia. Si la persona no puede defenderse de su atroz jefe, esperará pacientemente para llegar a casa…

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Publicado el enero 18, 2015 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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