CANSANCIO, ¿FINALIDAD DEL TRABAJO?

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ARTURO CASTILLO

Cuando algunos ‘futuristas’ del campo laboral y empresarial anuncian, exultantes, que los individuos trabajarán felices y satisfechos, en ambientes expresamente concebidos para que produzcan más y mejor, sin consideración de tiempo ni espacio, pues estarán interconectados permanentemente, de modo que, en rigor, nunca dejarán de trabajar, es imposible evitar la sensación de que el ser humano será transformado en una máquina eficiente, que será despojado, finalmente, de su voluntad.

El filósofo coreano Byung-Chul Han, autor del ‘best seller’ ‘La sociedad del cansancio’, hace una aguda lectura de las repercusiones negativas del estilo laboral de la sociedad moderna. A su juicio, la autoridad y la represión, como las concibió Michel Foucault, ha tomado un giro dramático, pues la ‘sociedad del rendimiento’ ha logrado que los sujetos introyecten el sentido de la autoridad, mediante la autoexigencia, la autoimposición, la compulsión de la eficiencia y la productividad.

Los hombres ya no son esclavizados por otros hombres; ahora son ellos mismos sus propios esclavistas. El condicionamiento del trabajo, desprovisto de cualquier propósito que no sea producir, garantiza la obediencia y la resignación de toda meta personal; solo se sirve al sistema.

Mantenerle ocupado al ser humano, hasta el desfallecimiento, hace del trabajo una forma de dopaje. No se trata del simple ‘burn out’, que padecen incontables sujetos, sino de una orientación de la cultura, que no deja margen para el ocio, para el disfrute de la vida.

De otra parte, el ‘totalitarismo de lo idéntico’, como diría el filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard, explica no solo la homogeneización de la sociedad, sino también el ideal de que el mundo entero trabaje bajo las exigencias y parámetros de la globalización.

Esta visión del trabajo busca concretarse también en los edificios ‘inteligentes’, como parte de la arquitectura de la ‘telépolis’. Se habla de espacios acogedores, donde los trabajadores se sentirán ‘felices’, desconectados de la realidad exterior.

Finalmente, Byung-Chul Han alerta: “El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma. El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide”.

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Publicado el marzo 30, 2015 en EL YO LABORAL y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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