JUGAR EN EL TRABAJO, ¿Y LA PRODUCTIVIDAD?

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ARTURO CASTILLO

Algunas empresas están concibiendo espacios de recreación para sus trabajadores. Más propiamente, están preparando ambientes para que los adultos jueguen.

Se pensaría que se trata de un cambio de mentalidad, pues comúnmente se tiene la convicción de que no hay nada más mortalmente serio que el trabajo, nada más adulto que el acto de trabajar.

Es decir, trabajo y juego se conciben como antípodas; infancia y adultez, como polos irreconciliables, sin conexión alguna. Obviamente, la Psicología se ha encargado de desvirtuar tales prejuicios. En realidad, en innumerables ocasiones, ciertas experiencias de la infancia siguen incidiendo en la vida adulta de los sujetos.

Y quizás no hay reconciliación más plena, mejor forma de salvar ese abismo, que el juego. El adulto que juega, si juega de manera genuina, sin los propósitos adultos, se acerca a su infancia latente. Aun tratándose de un hecho circunstancial y fugaz, la sensación de alegría es indescriptible.

Impensadamente, aquellas empresas están dando espacio para el ocio como un mecanismo restaurador. Lo interesante es que se trata de rupturas estratégicas del tiempo laboral, que lejos de perjudicar al rendimiento, permiten la distensión del ánimo, el refrescamiento de la atención.

Los juegos de salón, como parte de espacios que podríamos llamar ‘zonas francas emocionales’, donde también debieran ofrecerse bocadillos y bebidas sanas, literatura recreativa, ayudarían inmensamente a las empresas a canalizar el estrés laboral.
Lamentablemente, el afán de control, la filosofía del espoleo, el concepto de que los trabajadores deben dejar en la empresa hasta la última gota de sudor, devengar cada centavo del salario, impiden ver más allá.

De otra parte, la urgencia del juego, tan bien explicada por Johan Huizinga en su ‘Homo Ludens’, se manifiesta en la cotidianidad adulta. Se trata de formas ‘desvirtuadas’, sustitutivas, de la necesidad lúdica.
La gente grande juega a su manera, y lo hace de tal forma que se frustra, se mortifica, se pica. Juega con sus juguetes electrónicos.

Las empresas organizan los consabidos torneos deportivos, pero la inserción del ocio cotidiano tiene un extraordinario efecto, aunque parezca una atrevida irrupción en el santuario empresarial.

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Publicado el abril 14, 2015 en EL YO DIVERSO y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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