NUEVA EMPRESA, ¿FIN DE VIEJOS VALORES?

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ARTURO CASTILLO

En realidad, no existen datos empíricos que respalden ciertas afirmaciones, en el sentido de que las empresas, más precisamente la nueva generación de trabajadores, están sufriendo cambios dramáticos, que no solamente estarían incidiendo en la manera de laborar sino también en la conducta de los individuos.

La tecnología sería la responsable de la implantación de esa especie de ‘liberalidad’, que flexibiliza todo el orden tradicional de las ‘viejas’ empresas. Al parecer, los jóvenes trabajadores están ‘imposibilitados’ para manejarse dentro de los límites de la disciplina y el orden; no creen del todo en las jerarquías, son libres como el viento, y si las cosas se ponen feas, renuncian.

La ética acomodaticia, la disciplina relajada, el orden relativo, el liderazgo blando, más la libido desbocada, se plantean como las prácticas de la ‘nueva’ cultura laboral. Todo ello en virtud de que los padres, supuestamente, educaron a estos chicos en un ambiente democrático, compartiendo decisiones, respetando la diversidad.

De modo que si alguien creía que muchos jóvenes de la Generación Y provenían de hogares disfuncionales, carentes de orden, de respeto; que crecieron en entornos signados por la discriminación, la violencia de género, está equivocado.

La permisividad que se plantea, para que las empresas puedan ‘sobrevivir’, para que los jóvenes se sientan en ‘ambiente’, suena poco convincente. Lo cierto es que Generación Y o Z, deberán aprender que los valores de antaño seguirán vigentes, con o sin sofisticada tecnología.

Es lo que ha salvado, medianamente, al mundo, lo que ha impedido que se vuelva un manicomio insufrible. ¿No son acaso la laxitud ética, la ausencia de límites en la familia, la falta de amor, la explotación y visión utilitarista del ser humano, los aspectos que han configurado la sociedad que tenemos?

La única razón por que los valores han pasado a ocupar un lugar secundario, como algo incidental, es el ideal materialista de la cultura contemporánea, que ha elevado el poder económico al nivel de un culto.

La nueva generación ha sido educada y condicionada para apuntalar el presente statu quo; son sus sirvientes. La educación académica de nuestros días enfatiza en el entrenamiento y desarrollo de destrezas, de las llamadas ‘competencias’, en desmedro de una formación verdaderamente humanista.

Los resultados están a la vista: el mundo se debate en una de sus mayores crisis, que pone en riesgo la supervivencia del planeta mismo.

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Publicado el septiembre 7, 2015 en EL YO PROFUNDO y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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